La batalla dialéctica entre EEUU y China por el laboratorio de las conspiraciones de Wuhan

Durante las últimas semanas, la polémica sobre el verdadero origen del Covid-19 ha salpicado al laboratorio P4 -el nivel más alto en bioseguridad- de la ciudad china de Wuhan

Hasta hace un par de días, en el Ministerio de Exteriores de China casi nunca respondían a las peticiones de información sobre el coronavirus. Pedían enviar un fax con las cuestiones a tratar, pero no había respuesta posterior salvo el remite a las notas oficiales publicadas por los departamentos gubernamentales.

Cuando el domingo Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos, dijo que su país tenía «enormes pruebas» de que el Covid-19 se había originado en un laboratorio de Wuhan, desde un departamento de Comunicación de la diplomacia de Pekín descolgaron el teléfono para decir que «todo era mentira y que había una estrategia contra China para echarnos la culpa del virus». Al otro lado de la línea, el funcionario de Exteriores, no escatimó en descalificativos hacia la administración del presidente Donald Trump. «Están locos si piensan que el mundo se va a creer lo del laboratorio. No tienen pruebas y todos los científicos lo han negado», insistía el funcionario.

Horas después, la agencia Reuters desvelaba el contenido de un informe interno que ha circulado dentro del Gobierno chino, en el que se expone que «el sentimiento global contra China está en su punto más alto desde la represión de la Plaza Tiananmen de 1989″. Incluso las fuentes de Reuters van más allá: «Pekín se enfrenta una ola de sentimientos contra China liderada por Estados Unidos y necesita estar preparada en el peor de los casos para la confrontación armada entre las dos potencias globales».

Esta mañana, el diario ‘Global Times’, uno de los tentáculos mediáticos del Partido Comunista, salía con un editorial llamativo en referencia a las acusaciones desde Estados Unidos que alimentan la teoría de la conspiración. ‘Pompeo traiciona el cristianismo con mentiras’, reza el titular. «Pompeo es un cristiano evangélico devoto. Es ampliamente conocido que la doctrina cristiana se opone a la mentira, es un pecado…», prosigue. El día anterior, el director de este medio, Hu Xijin, compartió otro editorial llamando ‘Hombre malvado que arroja veneno’ a Pompeo.

ACUSACIONES Y BURLAS

Es importante destacar que entre las declaraciones que hizo la mano derecha de Trump, también escoció en el gigante asiático que acusara a China de ser propensa a «infectar el mundo» ya que no es la primera vez que la humanidad es puesta en peligro «a causa de un virus procedente de laboratorios chinos», soltó Pompeo. Anoche, la agencia oficial china Xinhua, también respondió publicando un vídeo protagonizado por figuras de lego que se burlan de la respuesta de EEUU ante el coronavirus.

Durante las últimas semanas, la polémica sobre el verdadero origen del Covid-19 ha salpicado al laboratorio P4 -el nivel más alto en bioseguridad- de Wuhan. Pero casi todos los dedos acusadores provienen desde el mismo lado, Estados Unidos. Ha habido todo tipo de teorías: desde el vertido del virus por uno de los desagües del laboratorio, hasta que la paciente cero fue una antigua alumna del Instituto de Virología de Wuhan llamada Huang Yanling, cuya suerte se ignora. Pero, por ahora, ni una sola prueba. Incluso los servicios de Inteligencia de EEUU comunicaron la semana pasada que el virus «no ha sido creado ni genéticamente modificado». Aunque seguirán investigando «para determinar si el brote surgió del contacto con animales infectados o si fue el resultado de un accidente en un laboratorio de Wuhan».

Desde China han desvinculado en todo momento cualquier nexo entre el coronavirus y el laboratorio. Shi Zhengli, la subdirectora del Instituto de Virología, ha repetido una y otra vez que «la secuencia genética del coronavirus no coincide con ninguna de las estudiadas por su laboratorio».

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha descartado repetidas veces la tesis de que el virus se hubiera modificado genéticamente. Ayer, Michael Ryan, el director de emergencias de este organismo, añadió que desde el gobierno de Trump tampoco les han reportado ninguna evidencia para apoyar la especulación sobre el origen en el laboratorio. «Si esos datos y pruebas están disponibles, será responsabilidad del Gobierno de los Estados Unidos decidir si se pueden compartir y cuándo, pero es difícil para nosotros operar en un vacío de información en ese sentido», dijo Ryan. La directora técnica de la OMS sobre Covid-19, Maria Van Kerkhove, enfatizó durante la sesión informativa del lunes que había unas 15.000 secuencias completas del genoma del nuevo coronavirus disponibles. «De todas las pruebas que hemos hecho, se ve que este virus es de origen natural», explicó.

«NO HAY EVIDENCIAS»

La realidad, fuera de las especulaciones sobre el virus y el laboratorio de Wuhan, es que la desconfianza hacia China es total. En parte por la opacidad de Pekin. Cuando Australia ha pedido una investigación internacional bajo supervisión de la OMS, el Gobierno chino ha amenazado con represalias. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, en una entrevista al ‘Financial Times’, dijo que en China «han pasado cosas que no conocemos».

coronavirus se habría creado artificialmente en un laboratorio. En lo que difieren las múltiples e imaginativas explicaciones es en cómo salió el virus de las instalaciones científicas.

Macron cuestionó la gestión de Pekín, poniéndola en duda ante la falta de libertad que hay en China para conocer la verdad. La misma línea siguió el ministro de Asuntos Exteriores británico, Dominic Raab: «No hay duda de que la cooperación con Pekín no puede continuar como si no hubiera pasado nada. Tendremos que plantear preguntas difíciles sobre la aparición del virus, y sobre por qué no se pudo parar antes».

Hace un par de días, conocimos algunos detalles de un informe elaborado por cinco agencias de Inteligencia occidentales (Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido), que forman una alianza conocida como Five Eyes, en el que detallan cómo China ocultó información durante el comienzo del brote, sobre todo a la hora de negar en público que el virus se transmitiera entre los humanos cuando las informaciones internas del gobierno decían lo contrario. En cambio, respecto al laboratorio, varias fuentes de Inteligencia británicas y australianas han insistido en que «no hay evidencia actual que sugiera que el coronavirus se filtró de un laboratorio chino».

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